1. Las formas del relieve
Mirador del Moro
(Liébana)
El adjetivo moro, derivado del latín MAURUS, “habitante de Mauritania”, opera, además de en el campo semántico que le dio origen, en el cromático, aplicándose especialmente al ganado vacuno y caballar de capa oscura. En toponimia cabe la posibilidad de haberse empleado también como adjetivo de color, como deja entrever Peña Mora, en Peña Cabarga. Pero no, por descontado, en aquellos otros topónimos en los que los géneros no concuerdan, como por ejemplo Cueva Moru, en San Mamés, (Ayuntamiento de Polaciones). Para estos casos se barajan dos posibilidades, de carácter latino una y prerromano otra.
La primera se respalda en evidencias históricas que demuestran la presencia efectiva de población norteafricana en el norte peninsular. Prueba de ello son los siguientes topónimos, todos ellos localizados en Valderredible: Alhama, del árabe AL-HAMMA, “baño público, fuente o lugar termal”; La Almasa, del hispanoárabe AL-MANSURA, “lugar de la victoria” y “fortaleza, fortificación”; Cidán, del árabe SID, “señor”; El Farruco; del árabe FARUQ, “valiente”; El Jaraíz, del hispanoárabe SAHARIG, “poza, balsa, humedal”, entre otros.
La segunda posibilidad, que aquí se sigue, vuelve la mirada a una hipotética raíz prerromana del tipo *MORR-, con el significado de “piedra, roca”. El léxico de Cantabria ofrece ejemplos que darían cuerpo a esta hipótesis, caso de moriazu, voz masoniega que significa “montón de pequeñas piedras”, y moruguetu, aplicada a los montones de hierba, de uso actual en Val de San Vicente y San Sebastián de Garabandal (Ayuntamiento de Rionansa).
El topónimo Mouro, isla frente a la costa santanderina, es derivado de un topónimo anterior, Mogro, compartido por otras localizaciones de Cantabria, que, una vez perdido su significado original, fue transformado por influjo del portugués mouro, “moro”, traído a las costas santanderinas por el cartógrafo portugués Pedro de Teixeira, autor de La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos del año 1634. El Mirador del Moro, en Liébana, responde a un proceso parejo: la forma actual procede del la raíz prerromana MORR-, que, una vez velada por el paso del tiempo, fue redefinida en el contexto de la denominada Reconquista, en la que la figura del moro, arquetipo que dio sustancia al concepto de otredad, a lo disímil, representó una papel de vital importancia en la construcción de la identidad colectiva del norte peninsular.