1. Las formas del relieve

Cojorcal

(Ojébar, Rasines)
fotografia

El latín FURCA, “horca de dos dientes”, se ha aplicado de forma metafórica sobre el territorio desde antiguo. En la Alta Edad Media, que abarca desde el siglo VIII hasta el XI, cuando los distintos romances del norte peninsular comenzaron a cobrar carta de naturaleza, el término netamente latino trivium, “encrucijada”, fue sustituido por el romance forca, que, una vez sancionado por el uso, adquirió el significado genérico de “confluencia”. El resultado romance, es decir, forca, ha dado lugar a numerosos derivados, entre los que destaca el castellano normativo horcado, “con forma de horca”, que explica el topónimo Horcados Rojos, ubicado en el macizo central de los Picos de Europa.

El patrimonio lingüístico de Cantabria conserva la variante cojorcu, “hondonada en un canal de una montaña”, con adición de prefijo procedente del latín CUM, que ayuda a reforzar el sentido que transmite el núcleo del lexema, de significado equivalente al antiguo romance forca, “confluencia”. Este sustantivo lo encontramos en toponimia aplicado, de forma genérica, a una confluencia de caminos o aguas o bien a una hondonada. Así lo confirma Cojorcu, topónimo repetido en Bedoya (Ayuntamiento de Cillorigo de Liébana) y valle de Lamasón, al que se suma Cojorcal, vaguada en la confluencia de dos colinas en Ojébar, Rasines.

El resultado cojorcu, con aspiración patrimonial de efe inicial latina, convive en toponimia con la variante cohorco, con hache sorda, de cristalización probablemente posterior. En Liérganes se halla el topónimo La Cohorcada, que también recibe el nombre de La Corcada. En el vecino valle de Soba se localizan los topónimos Corcos y Corcal, plural y abundancial respectivamente, ambos sin aspiración y con reducción de vocales iguales según el esquema cojorco, al que sigue cohorco que termina como corco.

Otros resultados propios del patrimonio lingüístico de Cantabria derivados del mismo étimo latino son jorcá, “horquilla de un árbol” y jorcaúra, “entrepierna”, ambas de uso actual en Rionansa, así como jorcáu, horquilla de la basna, especie de narria o carro sin ruedas empleado en el Alto Nansa, compuesto por una matriz sobre la que se asienta una estructura de listones de madera denominados en plural tarmás, del latín TERMES, TERMITIS, “ramo”, donde se acomoda la carga, generalmente de hierba.