1. Las formas del relieve
El Puente Joráo
(Cueto)
El latín FURARE, con el significado de “agujerear, perforar”, se encuentra en el origen del castellano horado, “agujereado”, que, a pesar de su escasa repercusión en la actualidad, tuvo un enorme éxito durante la Edad Media. Prueba de ello es su amplia presencia en la producción literaria de la época. Con el paso a la Edad Moderna comenzaró a perder peso específico, de forma que ni Alonso de Palencia, escritor de finales del siglo XV, ni Antonio de Nebrija, autor, entre otras obras de importancia, de la Gramática Castellana de 1492, dan cuenta de su existencia.
El habla viva de Cantabria conserva una amplia nómina de verbos con el significado de “agujerear”, entre los que cabe destacar por su vitalidad joracar y juriacar. El participio da lugar a dos grupos básicos, el primero formado por joráu y juráu y el segundo por joracáu, juracáu y juriacáu. Por lo que respecta a la acepción de “agujero”, encontramos en los Montes de Pas la cadena léxica formada por ujuiru, ujiru y ajuiru, con sus respectivos plurales ojuerus, ojeros y ajuerus.
Otras voces cántabras con idéntico origen son joraca, “agujero abierto en la base de la puerta para facilitar el paso al gato y las gallinas”; joracaéru, “muesca que el albarquero hace en un tronco para aprisionar el zueco de madera conocido como albarca o abarca”; y, por último, jorambre, “agujero destinado a recibir un poste u otro material”.
En la toponimia de Cantabria se registra el topónimo El Puente Joráo, también conocido como El Puente del Diablo, en Cueto (Ayuntamiento de Santander). Otro topónimo encuadrado en la misma familia léxica es La Horadada, en la bahía de Santander, que, según reza la tradición, se abrió para dejar paso a la barca de piedra en la que arribaron a la playa de igual nombre las cabezas de los santos patronos de Santander. La acepción “agujero” queda representada por el topónimo Juriacu (Ayuntamiento de Polanco), con la característica /i/ epéntica leonesa. Por último, cabe destacar el topónimo Canal Joracaeros, en Sejos (Mancomunidad de Pastos Campoo – Cabuérniga), asociado a las labores de los albarqueros o artesanos de la madera especializados en la elaboración de albarcas o abarcas, como quedó dicho, zuecos de madera, de probable etimología prerromana.