2. Naturaleza y composición del suelo

Yera

(Vega de Pas)
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La voz llera, recogida en el diccionario de la Real Academia Española con la acepción de “cantizal”, procede del latín GLAREA, “grava, cantorral”. El mismo origen cabe apuntar para la variante lera, más afín a la evolución regular del castellano, que suele prescindir de la palatización de ele inicial en casos similares, tal y como sucede, por ejemplo, en GLATIRE, en la base de latir.

Ambas formas, con y sin palatización, se incardinan en un amplio continuum lingüístico que se extiende desde el occidente asturiano hasta las distintas variantes romances de Álava y Navarra, que sirven de enlace con formas paralelas empleadas en el norte de Aragón y Cataluña. En Asturias encontramos la voz llera y su derivado llarada, con el significado de “glera, cascajal”. En León, llera adquiere el significado de “terreno cubierto de grandes piedras”. En Navarra, lera, “peña o losa de gran tamaño en el lecho de un río”. Quizá en relación etimológica con las anteriores se encuentre llera, con la doble acepción de “cauce seco de un río” y “ladera de piedras”, en altoaragonés y catalán.

En Cantabria, donde se emplea de forma mayoritaria la variante sin palatizar, posee el significado básico de “ribera pedregosa o cascajar fluvial”, al que habría que sumar una segunda acepción, “lugar pedregoso donde se localizan tierras labrantías de escasa extensión”, propiamente castreña. El aumentativo lerón, por su parte, se emplea en Cabuérniga con la acepción de “terreno perdido a orillas de un río, cubierto de maleza que arrastra el agua durante las crecidas”. Quizá responda al mismo origen el sustantivo llaráu, “canto rodado”.

La macrotoponimia de Cantabria presenta un claro ejemplo derivado del latín GLAREA, “grava, cantoral”, que es Lerones, en Pesaguero. Un ejemplo no tan evidente es Yera, barrio de Vega de Pas y río que discurre por la misma vega, quizá derivado no del latín, en cuyo caso habría que revisar la grafía y sustituir la y griega por la elle, sino de una hipotética raíz paleoeuropea *ER-, “poner en movimiento”, de amplia presencia en la hidronimia del occidente europeo. Por lo que hace a la microtoponimia, la frecuencia de aparición de la voz lera, con o sin palatización, se dispara. Así, por ejemplo, El Lerón, que discurre por el valle de Cabuérniga, o La Lera, en Avellanedo, municipio de Pesaguero.